Artículos año 2006 EL TREN DE LA BRUJA

No sé por qué extrañas nostalgias, cuando damos un primer paseo para recorrer el recinto ferial alcazareño de cada año, la inercia me lleva a detenerme siempre en esta antigua pero constante atracción que aún habiendo sufrido algunos reciclajes sigue conservando básicamente su identidad. Posiblemente si analizamos sus transformaciones podamos entender mejor su evolución y la de la propia sociedad en que nos movemos.

El llamado “Tren de la Alegría “ ha sobrevivido, desde que la feria se instalaba en el Arenal, a la competencia con otros de su género como el Shangai, con el que llegó a convivir en algunas ediciones, para posteriormente acaparar el monopolio definitivo en nuestra localidad.

Ciertamente a los niños de entonces nos producían emociones diversas los elementos que ponía en juego el dichoso tren: la máquina, los vagones, las vías, el túnel… como imágenes de nuestra cultura ferroviaria y luego, la presencia de la bruja y el demonio como personajes centrales de la parodia que representaban en cada vuelta o viaje y a los que había que “vencer” evitando sus escobazos, sustos y malas artes cuando te rociaban de colonia barata con el aparato del flí matamoscas, cuando simulaban cortarte el pelo con unas tijeras gigantes y aún peor cuando se escondían en insospechados recodos del circular recorrido y te sorprendían con un traicionero escobazo.

Y no digamos si el escondite lo hacían dentro de ese túnel tétrico en el que había dibujadas calaveras y esqueletos bajo unas luces azuladas por el papel de celofán que imitaban a los actuales neones incandescentes.

Toda esta parafernalia tenía lugar al son de la música de moda en aquel momento, con la fachada principal de la atracción llena de dibujos alusivos a los más horribles monstruos y personajes siniestros y con las brujas y demonios disfrazados con repugnantes caretas de goma que sólo se quitaban disimuladamente por breves momentos.

Únicamente los chicos mayores, conocedores del entramado, se atrevían a desafiar a los protagonistas sentándose en el vagón de cola sobre el borde último del mismo y librando una singular batalla por conseguir incluso arrebatarle la escoba a su portadora. No olvidaré una vez en la que tras el forcejeo, la bruja sangraba por su mano como consecuencia del violento tira y afloja.

Pues bien, la evolución de los tiempos ha dado lugar a que las brujas y demonios se hayan reconvertido en personajes de la factoría Disney y que hasta por megafonía se les anuncie a los niños y niñas que Mickey y Donald están a punto de aparecer. La fachada principal está igualmente decorada con todo el elenco de la multinacional de la ficción animada, que ha logrado así alargar sus tentáculos empresariales hasta suprimir tradiciones genuinas dulcificando con su candoroso efecto la anterior supremacía del Eje del Mal.

El tren se mueve ahora mediante un programador automático que ha conseguido reducir un puesto de trabajo, el del sufrido conductor que se pasaba la vida dando vueltas durante horas en los innumerables y tediosos viajes que lo predisponían a bostezar con continua frecuencia.
Y como colofón a esta oleada de democrática igualdad formal, todos los niños y niñas que suben al tren reciben un globo alargado como premio obligado, eliminando así cualquier tipo de discriminación que pudiera fomentar el afán competitivo de los más agresivos o la tristeza temporal de quienes quedaban excluidos arbitrariamente de la airosa recompensa.

En suma, el tren de la bruja es todo un modelo evolutivo para ver cómo éramos y hacia donde nos llevan los tiempos.

Justo López Carreño
Alcázar de San Juan, 5 de Mayo de 2006

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