Artículos año 2007 GALARDONES

En nuestra actual sociedad se produce una tendencia que va en aumento progresivo y que no afecta solamente a pequeños grupos artísticos o culturales vinculados a la exhibición pública de sus logros, sino que se extiende a los más variados campos de la actividad humana. Me refiero al deseo, la necesidad o la moda de establecer un galardón que premie y realce los éxitos personales o profesionales y de que se haga un reconocimiento público de los mismos.

Desde el archiconocido Premio Nobel, instituido para que la fortuna de su fundador multiplique su efecto benefactor en diversos campos, hasta los más humildes premios locales que se otorgan a sus ciudadanos que destacan, hay una fiebre de concursos, certámenes, galas y demás eventos ceremoniosos cuyos objetivos últimos siempre tienen que ver con el anhelo humano de encontrar el aplauso ajeno para acallar la vanidad y fortalecer la autoestima además de escenificar públicamente todo el protocolo formal que lo rodea.

Los Principe de Asturias, los Pulizter, los Goya, los Oscar americanos, la Berlinale, por citar algunos de los más conocidos internacionalmente, además de las galas del deporte, los premios literarios de mayor o menor enjundia, los certámenes pictóricos y un sinfín de actos que invitan a que las personas se presten a figurar en esas listas que te consagren o bien pases desapercibido sin que tus logros alcancen resonancia.

Personalmente siempre recuerdo las impactantes palabras del profesor Severo Ochoa a propósito de este tema cuando afirmó: “Soy más bien desfavorable a los premios. Hay muchas más personas merecedoras de galardones de las que los alcanzan, y ¿qué causa más provecho o perjuicio al progreso humano, el alborozo de los favorecidos o el desaliento de los no premiados?”.

Y esto lo dijo una persona que recibió 106 medallas de diversas instituciones y 154 diplomas de reconocimiento igualmente de diversas procedencias sociales.

Justo López Carreño
9 de julio de 2007
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