Artículos año 2009 REENCUENTRO EN HERENCIA

“Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos, no te pierdas el de ahora…” Jorge Luis Borges. El último poema.

Y ciertamente el de anoche en Herencia fue uno de esos momentos para saborear por la carga afectiva y emocional que conlleva el antes, durante y después. Y, sin embargo, ya es también un recuerdo, por mucho que se demorasen en llegar los platos que nos sirvieron en el El Jabalí para compartir mesa y mantel después de… treinta años.

La iniciativa de un grupo de aquellas de nuestras alumnas de los años setenta, recién muerto Franco, como dijo alguna de ellas, ha sido un gran acierto por lo que supone de voluntad y mutuo reconocimiento entre las partes, es decir alumnado y profesorado, que lejos de evitarse o ignorarse, han deseado volver a compartir un ratito de su tiempo y de sus vidas para volver imaginariamente a aquellos años sin retorno.

Con pausada calma fuimos llegando al marco que nos uniera entonces, es decir, a lo que fueron las instalaciones del Colegio Nacional Mixto “Carrasco Alcalde” de Herencia, situado en el barrio conocido como El Cristo, por hallarse allí la ermita del Santo Cristo de la Misericordia, que por extensión le daba el nombre a todo lo relativo a la barriada. Hoy el edificio forma parte del patrimonio municipal y tiene un uso cultural y formativo diverso.

Tras los primeros saludos y reconocimientos entre el grupo, al pie de la nueva entrada al edificio, tras las miradas entre confusas y nostálgicas, adivinando rostros, intentando poner nombre a esas sonrisas y rictus que permanecen idénticos pero aderezados por la inclemente pátina de los muchos años transcurridos, nos hicimos las fotos oficiales de rigor. Allí, al pie de la escalera, con el mismo telón de fondo de los muros que aún se conservan, como se conservan las rústicas escaleras de chinarros apelmazados y las losas de terrazo jaspeado y gris, feo y rancio, pero duro y resistente, a prueba de nuevas generaciones de inquilinos.

Y nos dieron la primera sorpresa inesperada de la noche. Subimos a un aula donde habían montado los materiales de entonces, las fotos de entonces, los recuerdos de entonces… Allí estaban los viejos libros: el terrible “Cosmos” para las Ciencias Sociales, las lecturas, el Francés, con M. Dubois exclamando

- Bonjour, mes amis.

¿Verdad, Mª del Mar? M. Dubois se convirtió en un personaje casi de la familia ¡y yo que lo tenía olvidado! Y esas fichas de Religión encarpetadas como en un coleccionable por fascículos tintados de sepia y ahora más rancias que nunca, casi apolilladas, como muchas de nuestras creencias.

Y estaban también las fotos, hoy sometidas al escaneo reparador, y los trabajos manuales que servían para venderlos a los familiares y sacar algún dinerillo para las excursiones, ¿quién si no iba a comprar esas imágenes de escayola coloreada de cristos y vírgenes que no encontrarían una hornacina ni en la cámara trastera de la propia vivienda?, o esas labores primorosas de bordados reservados en exclusiva a las chicas, ¡cuántas horas a punta de aguja y bastidor!

Y la camiseta del Colegio. Era la primera camiseta serigrafiada sobre tela. Sólo en los colegios ricos podían presumir de tener estos lujos y nosotros conseguimos lucirlas en las excursiones junto a esas bolsas azules con asas en bandolera de tela rústica pero con toda su estampación por delante. También el baby escolar, con sus rayas verticales y su cuello redondeado para salvar la ropa de calle de cualquier borrón, de cualquier pintura escolar, de cualquier empujón a destiempo de algún compañero desaprensivo…

Y materiales escolares diversos, ya caducados, algunos hechos con la freinetiana imprenta de gelatina, otros con la multicopista de clichés perforados y reutilizados para ahorro de gasto a costa de pringarse de tinta irremediablemente. Luego, los boletines de notas o los libros de escolaridad de la E.G.B., no muy distintos de los actuales, a pesar de los pesares, y otros documentos curiosos como los primeros estatutos de la Asociación de Padres, que se iniciaban en nuestro entorno.

Y poco a poco los recuerdos se fueron acumulando en nuestras retinas, como archivos informáticos olvidados y reencontrados por el buscador automático en nuestra memoria. Mientras abandonábamos de nuevo el edificio, lentamente, como saboreando una experiencia que no volverá seguramente a repetirse, como si fuéramos actores de una representación ya finalizada, sin público a quien dirigirse.

Ya sólo quedaba departir en torno al mantel para seguir cocinando esos recuerdos y sazonarlos con las especias particulares, con las vivencias que cada cual tiene atesoradas en su peculiar mosaico de sabores. Hubo lugar para ello, aunque siempre se echa en falta la posibilidad de compartir con todos y todas y no únicamente con los que te han tocado a tu lado en esa disposición lineal y aislante a que obligan estos ceremoniales. El trabajo en equipo sigue siendo dificultoso. ¡Porque tiempo hubo entre plato y plato!. Hasta pensamos en pedir el desayuno si no fuera porque la tertulia se animó en la improvisada mesa ovalada que formamos en la cercana terraza del Murphys, a costa de incomodar al vecindario, siempre tan maltratado por el noctambulismo español.

Anécdotas muchas. La del picaporte que se clavó Oscar Luis en el brazo, la del viaje fin de curso y primera salida a las discotecas de Málaga en 8º de EGB, la diferenciación de sexos en los primeros cursos, ahora que algunos anacrónicos pretenden recuperarlo de manera demagógica e injustificable, las charlas de educación sexual y las actividades de expresión corporal, las salidas a la sierra, las conversaciones afrancesadas con M. Dubois, los boicoteos al candado de la entrada… tantas que me he propuesto utilizar la libretita que amablemente nos regalaron las organizadoras para relatarlas una a una, con mayor amplitud y riqueza de detalles, hasta donde el tiempo y las ganas me lo permitan y más aún si, aprovechando el listado de direcciones y contactos que elaboramos al final, consigo que quienes quieran, se pongan en contacto conmigo y me las comenten con tranquilidad y detalle.

Así pues, muchas gracias de corazón a todas y a todos: Maria Jesús Tajuelo, Mercedes Ramos, Ángela Bravo, Mª Carmen Díaz-Pacheco, Mª Isabel Corrales, Mª Dolores Gallego, Ascensión Aragonés, José Antonio Aragonés, Manuel Antonio López-Serrano, Jesús Callejas, Mª Carmen Moreno-Palancas, Mª del Mar Camuñas, Vicente Fernández-Montes, Milagros Díaz-Oliver, Mª Nives Fernández-Tejera, Mercedes García-Navas, Concepción Gómez-Lobo, Pilar Gómez-Lobo… y cómo no, a Maribel Belmonte, Isabel Benito, Adolfo Tabasco, Juan Barrilero y Francis García que junto a mí acudieron al reencuentro por encima de otros menesteres y obligaciones. Mereció la pena.

Un fuerte abrazo para tod@s.

@ Justo López Carreño. Junio 2009.
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