Artículos año 2009 BAJARSE A LA VIRGEN

En nuestra vecina población de Campo de Criptana se celebra una tradición, ya secular, consistente en portar la imagen de la patrona local en andas hasta su entrada en procesión por su calle hasta la iglesia parroquial. Su fiesta se celebra todos los años con romería el lunes de Pascua de Resurrección, y a la caída de la tarde de ese mismo día la imagen es trasladada desde su Santuario a la parroquia del pueblo. Este traslado se realiza a hombros y paso ligero, por personas del pueblo que en puja (subasta) se han adjudicado el honor de trasladar la imagen.

La imagen está en la Parroquia hasta el segundo Sábado de Junio, día en que por la tarde es trasladada su imagen a su Santuario, portada a hombros por aquellos que se han quedado en la Subasta. El primer Domingo de Junio se hace una procesión por las calles del pueblo y acompañan a la imagen los niños que en ese año han celebrado su primera comunión.

Este hecho, que en sí mismo no se diferencia en nada de lo que acontece en muchos otros lugares de la geografía española, me merece un comentario personal, por ser la primera ocasión en la que asisto y por sentirme sorprendido por el especial mimo con que los criptanenses lo llevan a cabo.

Este año ha sido la familia Alcañiz de la Guía la que ha logrado hacerse con el privilegio de ser los portadores, lo que supone, además del honor tradicional, un esfuerzo físico considerable, que deja sus secuelas y magulladuras en la geografía muscular de los esforzados anderos.

El espectáculo, visto desde la complicada imparcialidad del neófito espectador, no deja indiferente. Posiblemente son reminiscencias tribales, tradiciones de indudable superstición y folclorismo religioso, pero sin duda sorprende ver la mezcla de generaciones, estilos personales, indumentarias que van desde las desenfadadas prendas deportivas, que facilitan el paso atlético de la bajada, hasta los trajes más solemnes que aún desprenden olor a naftalina desde que se guardaron por última vez en el armario.

Y a ese pueblo, conducido en tropel por el ritmo frenético del descenso en torno a la imagen religiosa, se unen todos los poderes tradicionales: el poder político, con el Alcalde y sus concejales, el poder religioso, con una sorprendente abundancia de sotanas y casullas tan infrecuente en estos tiempos de escasez vocacional, y por último, la cohorte de incipientes bellezas locales proclamadas como reina y damas de los festejos. En suma, las fuerzas vivas, en pleno ejercicio de sus competencias.

@ Justo López Carreño. Abril 2009.
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