Artículos año 2012 Martina



Aún no ha visto la luz directa y ya vive un sinfín de experiencias que su entorno afectivo ha ido generando en su derredor. Su nombre está grabado en las minúsculas prendas de vestir que cuelgan ilusionantes en las pequeñas perchas decoradas a juego con los cálidos tonos cromáticos de la habitación que la recibirá para dar sus primeros pasos por la vida.

También son numerosos los objetos tatuados con su nombre, que van incorporándose a su ajuar personal y que integran esa colección de seres inanimados que le harán la vida más agradable, más confortable, quizá menos huraña.

Y luego están los afectos. Esos lazos invisibles que se van trenzando ya desde la esperanza y el deseo, desde el momento en que la ilusión pasó a ser un embrión y tomó cuerpo y comenzaron sus latidos, sus empujones, sus primeras muestras de ir abriéndose camino en este mundo que la aguarda.

Y también tiene imágenes, ¡quién lo diría! Un álbum prenatal que sus padres van aumentando con mimo para que ningún dato se escape, para que el tuenti o el facebook la reciban en sus redes antes de respirar el oxígeno de la atmósfera real.

Como abuelo, deseo ofrecerle aquellos elementos que la sitúen en la verdadera vida deseable: las caricias de una piel afectuosa, las miradas que le transmitan seguridad y confianza y las palabras amorosas que la lleven por los caminos de unas fantasías infantiles que ninguna realidad, por muy cruel que sea, logre destruirlas nunca.

Octubre de 2012
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