Artículos año 2012 El somier



Uno se puede encontrar un somier junto a un contenedor de basura, como se puede encontrar la carta de despido al volver a su puesto de trabajo o ver descontados unos impuestos de unas retribuciones extras que no se han percibido, por una decisión unilateral de nuestros gobernantes.

Todo esto puede suceder en la carnavalesca España, donde conviven juntos la mentira con la falta de honradez, las promesas incumplidas de sus gestores con su desprecio a los logros adquiridos durante décadas por los sufridos contribuyentes que soportan las cargas con conciencia de culpabilidad.

Como la vida es una negociación perpetua con las sorpresas de la realidad, el somier fue llevado por dos proveedores espontáneos hasta el epicentro del carnaval, a lo más íntimo de un local donde conviven las máscaras, el alcohol y el esperpento en una simbiosis autorregulada.

Hubo un momento en que el somier se convirtió en la frontera artificial entre esos dos mundos, el de la realidad y el del deseo. Y por su enrejado de cuadrículas a modo de ventanas, se asomaban indistintamente el director de un centro educativo, una maestra en expectativa de todo, una enfermera cabreada, un jubilado satisfecho de serlo a tiempo, una empleada de RENFE, algunos profesores despistados y un funcionario local tocado con barretina que marcaba los límites territoriales y constataba que la realidad podía contemplarse del mismo modo asomándote por cualquiera de los lados del somier.

Porque en este país carnavalero y torpe, lo importante es crear fronteras y abrir ventanas sin cristales para que la realidad se confunda y se entre y se salga de ese laberinto ficticio de límites y espacios ocupados por las caras de los efímeros personajillos que nos gestionan la convivencia, a la espera de que venga cualquier dictadorzuelo y devuelva el somier de nuestra democracia de nuevo al contenedor de la basura.

Justo López Carreño
27 de diciembre de 2012
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