Artículos año 2013 Fenavin 2013

“Bebo para hacer más interesantes a los demás”
George Jean Nathan

Si uno se fija en algunas de las fotos que han aparecido en la prensa durante los actos inaugurales o institucionales de Fenavin puede observar a los representantes políticos de los partidos opositores y mayoritarios brindando cordialmente, se supone que por el éxito de esta Feria que tan importante está resultando para la imagen y la economía de nuestra región.

Fenavin, que nació por iniciativa de mi amigo y excompañero de Magisterio, Nemesio de Lara hace ya catorce años, y a cuya primera edición asistí entre curioso e incrédulo, acompañando a mi primo Frutos, entonces presidente de la Asociación de Enólogos de Castilla La Mancha y elaborador de su vino Fructuoso, ha ido asentándose como un evento de referencia en el que en la actualidad se disputan los puestos disponibles y se ha llegado a dejar fuera por falta de aforo a numerosas bodegas. De ahí que nuestra clase política trate de acaparar protagonismo y de hacerse las fotos correspondientes en el epicentro del evento pese a que haya sido la actual oposición regional, la verdadera artífice de este logro.

Por eso me resulta curioso verlos a todos y todas brindando como si estas rivalidades se obviaran en pro del bien común que es la Feria del Vino y sus repercusiones. Y me pregunto si estas mismas escenas no podrían repetirse y multiplicarse en lo educativo, en lo social, en lo sanitario y en el largo conjunto de aspectos cruciales para el bienestar de los ciudadanos de esta tierra. Y quizá convengo finalmente en que, como citó Luís García Montero en una de las charlas que forman parte de los actos de Fenavin, es posible que estén bebiendo para hacer más interesantes a los demás, a los otros, con los que en estado sobrio suelen ser incapaces de llegar a los más mínimos acuerdos. Y así nos va.

Mi interés estuvo centrado precisamente en esa mesa cultural que tuvo lugar en el Aula 3 el día 9 de mayo y que vino a coincidir con la huelga general de la enseñanza a la que nuevamente me sumé como acto de protesta, de indignación y de resignada esperanza en que cambien de una vez de políticas antisociales. Y mereció la pena, porque tanto Luis Gª Montero como Benjamín Prado y Chus Visor, nos ofrecieron unos minutos de citas, reflexiones y anécdotas en torno al tema de La poesía y el vino, que mereció la pena mi asistencia y el viaje.

Antes tuve la oportunidad de saludar a mi ya nombrado amigo Nemesio, que preparaba una intervención ante la prensa, previa a la clausura del evento. Cordial y afectivo, como siempre conmigo, y recordando los viejos tiempos del compañerismo académico y residencial en aquellas etapas juveniles.

Una vez en la sala, los tres ponentes intentaron hacer un resumen, sesgado y personal de los que consideran poemas que han marcado la trayectoria de loa al vino como elemento cultural que acompaña al hombre, su vida y sus celebraciones. Por eso Luis, que abrió el turno lo resumía en la frase “vivir, beber y convivir”, porque no entiende el vino si no acompaña a cualquier acto en el que las personas compartan algo, celebren algo, en definitiva convivan en torno a algo que la une. Y además planteó otro de los mitos que conviene reformular o transformar, no se bebe para olvidar sino todo lo contrario, “se bebe para recordar”, para evocar todo aquello que nos ha resultado grato e interesante y que el vino nos ayuda a aflorar con mayor fluidez y precisión literaria.

A continuación, llegó el turno de Benjamín Prado, poeta al que yo sólo conocía de oídas y de haber leído algún verso suyo suelto pero sin mayor profundidad. Lo cierto es que en este tipo de actos resultó ameno tanto por su físico desgarbado e informal como por el uso continuo de un pequeño artilugio electrónico en el que leía los poemas o las citas a las que aludía durante su intervención.

De este modo citó al recientemente galardonado Caballero Bonald y su Breviario del vino, en el que afirma que el vino es bebida, mito, metáfora e industria, y recrear su historia supone trazar una completa y sugerente biografía de la especie humana.

A continuación se refirió al Soneto al Vino de Jorge Luis Borges:

¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto
otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.

Y más adelante leyó la Oda al vino de Pablo Neruda y la de Nicanor Parra el otro gran poeta chileno, algunas de cuyas estrofas dicen así:

¿Hay algo, pregunto yo
más noble que una botella
de vino bien conversado
entre dos almas gemelas?

El vino tiene un poder
que admira y que desconcierta
transmuta la nieve en fuego
y al fuego lo vuelve piedra.

El vino es todo, es el mar
las botas de veinte leguas
la alfombra mágica, el sol
el loro de siete lenguas.

Y como era de esperar, ayudados por la gentileza de una azafata de la Feria que entró inesperadamente con una cubitera portando una botella de blanco y sendas copas, los poetas aprovecharon para refrescar su garganta, brindar y saborear el buen vino de nuestra tierra. Excepto el último de los invitados, Chus Visor, que hizo un desprecio flagrante de la bebida en cuestión hasta el punto de decir que él no bebía casi nunca vino y más adelante limitarse a leer unas breves cuartillas en las que paseó algunos de los textos tradicionales que han exaltado este líquido elemento.

Sinceramente creo que su presencia desentonó en el acto tanto por el fondo como por la forma. Resultó frio, anodino y carente del mínimo sentido de la situación y del marco del evento que lo presentaba. Los organizadores sabrán por qué ocultos méritos lo llevaron hasta semejante tribuna.

Al final, en un pequeño tiempo de intervenciones del público, un señor muy entusiasmado le dijo a Luis Gª Montero que, utilizando un símil muy vinícola, su poesía era un coupage entre César Vallejo y Pablo Neruda, a lo que el aludido dijo que de ambos tenía, puesto que él considera que todo buen poeta es ante todo un buen lector y que la originalidad es una entelequia de difícil consecución, pues el lenguaje es de todos y entre todos lo construimos y lo transmitimos a las siguientes generaciones para disfrute de ese amplio patrimonio cultural que no deja de crecer. Incluso el propio Borges llegó a decir que sentía más vanidad por los libros que había leído que por los que había escrito.

Nada más terminar el acto, tuve la oportunidad de dirigirme a Luis y con el libro “Una forma de resistencia” en mis manos, pedirle que se lo dedicara a un madridista y docente como él, que estaba de huelga y que sentía admiración por su escritura. Con estas palabras lo hizo:

Para Justo,
con el corazón blanco en la
mano, este libro que busca
en los recuerdos una forma
de resistencia. Mi mejor
amistad.
Luis García Montero
Ciudad Real, 9 de mayo de 2013
Huelga General (de la enseñanza)

Yo, para terminar la cálida mañana, volvía a recorrer los pabellones de Fenavin y degusté dos estupendos vinos: un Rioja de la bodega Ontañón y otro Ribera del Duero, cuyo nombre ahora no recuerdo. Los manchegos los tengo siempre al alcance, por lo que no me ocupo tanto de catarlos en estas ocasiones. ¡Salud!

Justo López Carreño
Mayo de 2013
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