Artículos año 2013 Guadalajara

El pasado 20 de Abril realizamos un viaje a Guadalajara aceptando la invitación de Mari y Jesús, siempre prestos a compartir viajes, gastronomía y afectos.

Desde Madrid, acompañados ya por Marisa y su hermana Cristina y tras un viaje de escasas complicaciones, nos presentamos en Guadalajara para encontrarnos con el resto de componentes de la jornada, en este caso, los anfitriones y grandes conocedores de todo lo que la ciudad encierra, el profesor José Antonio Díez, orientador educativo como yo en los años previos a su actual condición de jubilado y con una amplia trayectoria en el campo de las Humanidades y su esposa, Rosa Moreno.

Después de tomar un ligero refrigerio en uno de los bares cercanos al punto de arranque del recorrido, nos adentramos en lo que sería un espectacular paseo por las zonas más representativas y sorprendentes de la, para mí, desconocida ciudad alcarreña.

El primer monumento sobre el que hicimos parada y comentarios fue el Torreón de Alvar Fáñez en el flanco occidental de la ciudad, con diversas obras y derrumbes hasta que fue cedida a la Academia de Ingenieros como un establecimiento disciplinario y más adelante, tras sucesivas restauraciones, quedar definitivamente rehabilitado como lugar de exposición y archivo documental que hoy ofrece.

No muy lejos de allí se encuentra el Palacio del Infantado, seguramente el edificio que más recordaba de anteriores aunque escasas y rápidas visitas, pero elevado a icono de la ciudad en casi todas las guías turísticas y apariciones mediáticas. Lo cierto es que el edificio, trazado y dirigido por Juan Guas, merece la pena ser visitado y comprobar el poderío de la familia de don Iñigo López de Mendoza allá por el siglo XV. El patio, llamado de los leones, es de una decoración profusa y espectacular y todo el conjunto muestra una grandeza digna de admirarse.

Continuando con la visita llegamos hasta el Convento de la Piedad del siglo XVI, donde Brianda de Mendoza estableció una comunidad de monjas franciscanas y donde posteriormente se construyó la iglesia bajo la dirección de Alonso de Covarrubias. Algo más abajo y en la misma calle se encuentra el edificio de Correos, construido en 1917 por los hermanos Sainz de los Terreros y en el que el ladrillo juega un papel esencial.

Siguiendo el itinerario sin prisa pero sin pausas, llegamos hasta el Palacio de la Cotilla construido en las primeras décadas del siglo XVII por Inés de la Cotilla, mujer hacendada de Guadalajara. Los posteriores propietarios los marqueses de Villamejor, padres del Conde de Romanones y bisabuelos de Natalia Figueroa, se encargaron de la ampliación del palacio. En 1920 sufrió un incendio que obligó a serias obras de restauración.

La estancia más valiosa del palacio de la cotilla es el salón de té, dotado de un pequeño escenario para representaciones teatrales y conciertos musicales, que eran las actividades de la nobleza en el siglo XIX. Todos los paramentos están pintados con un papel pintado a mano en el que se representan distintas escenas de la vida de la China medieval, basadas en leyendas épicas.

Antes de dar paso a la comida y a modo de paréntesis gozoso, nos tomamos un vermut a la vera de unos céntricos jardines en una terraza que invitaba a la tertulia y al comentario satisfecho sobre lo ya visitado. Personalmente me sirvió para comentar con Marisa, dado su trabajo como médica en la Universidad Autónoma, de algunos comportamientos de los estudiantes de nuestros días, especialmente en cuanto a ciertos hábitos poco higiénicos en su indumentaria personal (léase tatuajes, piercings, etc.) así como celebraciones de dudosa racionalidad como la de San Canuto, que ha sido cuestionada por las propias universidades americanas con las que nuestros jóvenes realizan intercambios.

El momento más pintoresco tuvo lugar durante la comida. Nuestros anfitriones nos llevaron a un lugar de sabor noble, a modo de antiguo casino, en el centro de la población y sede de eventos, como el que se celebraba en uno de los salones contiguos para un sector del ejército y sus familias. La comida estuvo excelente y el marco no desmereció del saborcillo del conjunto de la visita.

Haciendo tiempo para su visita, nos dirigimos ya durante la tarde a la capilla de Luis de Lucena del siglo XVI. Se trata de uno de los edificios más interesantes de Guadalajara y se la conoce también como de los Urbina o de Nª Sra. De los Ángeles. El humanista Luis Lucena levantó la capilla como panteón familiar y aula de Teología, pero el fue enterrado en Roma. Su interior es una mezcla de estilos con bóvedas pintadas por Rómulo Cincinato que desarrollan un programa iconográfico de características erasmistas y simbólicas, donde se pueden contemplar las virtudes.

La siguiente visita y penúltima en cuanto a zonas propiamente monumentales fue la realizada al Fuerte de San Francisco, complejo arquitectónico que fue fundado como convento y que recibe el nombre de fuerte por haber sido usado como tal durante la Guerra de la Independencia y como instalación militar hasta hace pocos años. El monasterio de San Francisco fue casa de caballeros templarios. Después fue arrasado por un incendio y posteriormente los Mendoza actuaron de mecenas para reconstruirlo y finalizar el templo además de colocar en él un retablo gótico del que se conservan unas tablas, las Tablas de San Ginés. El duque del Infantado renovó la cripta mausoleo de los Mendoza a imagen del panteón de los Reyes del monasterio de El Escorial y quedó como una obra barroca, con planta circular, dividida en ocho segmentos por ocho pilastras adosadas que sirven de apoyo a los arcos que vertebran la cúpula que cubre la estancia. La decoración está formada por mármoles rojos y negros y abundantes ménsulas y roleos de alabastro y dorados. Las tropas francesas profanaron la cripta en busca de riquezas, pero al no encontrar nada la destruyeron casi por completo. Recientemente ha sido restaurada.

Tras un amplio y agradable paseo (es preciso comentar que todo el recorrido lo hicimos a pie, lo que demuestra que Guadalajara es una población que puede visitarse sin usar vehículos para ello) llegamos al último punto de las visitas y posiblemente al que a mí mayor impresión me causó, el Palacio y Panteón de la Duquesa de Sevillano, mecenas y filántropa de la época, llamada María Diega Desmaissières, condesa de la Vega del Pozo, conocida como “la madre de los pobres”, pues derribó tres veces el mismo edificio para seguir dando trabajo al pueblo, que encargó el conjunto de edificaciones al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco.

En principio, la vista es muy curiosa pues se encuentra en una especie de descampado al que se accede mediante una amplia puerta con rejas desde el actual parque de San Roque, y ya, desde la entrada, se divisa en un pequeño montículo el edificio, con su cúpula sobresaliendo del conjunto. Detrás hay todo un complejo de patios y edificios destinados a establecimientos benéficos, que en la actualidad pertenecen a las monjas Adoratrices, que disponen allí de centro de enseñanza.

Llegados al panteón, al que se accede previo pago de billete, al ser una institución privada que se sale del lote turístico municipal, recibimos las explicaciones del portero-guía que se encuentra situado a la entrada del templo. Su oratoria fue una de las cosas que más me llamaron la atención por varios motivos. El primero por su capacidad para memorizar tantos datos, nombres y episodios sin la más mínima duda ni equivocación en cuanto a ponerlos de manifiesto. Después, por su capacidad didáctica de explicar en cada momento lo que uno se plantea para sí mismo. Es como si fuera adivinando previamente las dudas que nos iban surgiendo y se anticipaba. Por último, por su tono de voz envolvente pero a la vez suave y agradable, de una dicción casi perfecta.

De este modo fuimos conociendo lo más llamativo de las distintas partes de esta singular edificación: la cúpula de cerámica vidriada que combina elementos orientales y occidentales que le dan un aire bizantino al conjunto, la planta de cruz griega en cuyo interior destaca el altar presidido por un calvario, pintado por Alejandro Ferrán, de un realismo asombroso, y bajando las escalinatas, la cripta en la que se encuentra un imponente grupo escultórico, de Ángel García Díez, que representa el cortejo fúnebre de la duquesa, además de los diferentes detalles de todo el lugar, presididos por materiales de gran riqueza como mármoles italianos y todo ello rematado con gran precisión y rigor. Sobrecogen las diferentes coronas fúnebres que cuelgan de las paredes y que aluden a los familiares o allegados de la duquesa que se encuentran allí enterrados.

Finalizada la parte más cultural y atravesando el parque de San Roque en dirección al centro, nos topamos con los hinchas del Huesca C.F. que se jugaban el ascenso de categoría esa misma tarde noche frente al local Deportivo Guadalajara, que finalmente ganaría el partido por 1 – 0. Nosotros nos sentamos en una terraza a reponer fuerzas y descansar del completo paseo que nos habían proporcionado los anfitriones y que nos dejó una abultada carga de imágenes así como un cansancio lógico en nuestras piernas. Retornamos a los coches y despedimos definitivamente a los protagonistas de esta inolvidable jornada.

Justo López Carreño
Abril de 2013
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