Artículos año 2015 El Burlador de Sevilla



El 13 de noviembre de este año 2015 tuvimos ocasión de cumplir otro de los deseos acariciados para la época jubilar, que además era una tradición por parte de muchos alcazareños que, animados por la buena comunicación ferroviaria con la capital del reino, se acercaban hasta Madrid con cierta frecuencia a presenciar estrenos teatrales, revistas de variedades o cualquier otra manifestación de cultura popular que no era fácilmente accesible en la propia localidad.

Además, se producía la feliz coincidencia de que uno de los actores principales de la obra a presenciar era Emilio Gavira, alcazareño de adopción, muy vinculado a nuestra población desde niño y miembro de una familia conocida a la que he tenido oportunidad de tratar desde hace mucho tiempo y mantener relaciones tanto profesionales (Miguel y Juan Carlos fueron mis alumnos en los años 70) como personales con el padre Ignacio y su hijo mayor de igual nombre.



El Teatro Español, pese a su antigüedad, fama y céntrica ubicación en la Plaza de Sta. Ana madrileña, resultaba desconocido para nosotros. Las buenas críticas recibidas por la adaptación de un clásico como El Burlador de Sevilla atribuida a Tirso de Molina por parte de Darío Facal, hicieron que inclinásemos la balanza hacia su elección y dejarnos llevar por las sensaciones en directo y por propia experiencia.

Nada nos defraudó. La obra es una adaptación que reúne una amplia diversidad de artes conjugadas en la escena de modo ágil, entretenido, sonoro y sin perder la versificación original en sus textos. Todo un reto. Según el propio Darío Facal, “existen tantos donjuanes como mujeres intenten imaginarlo y hombres intenten asemejarse a él y, por eso mismo, cualquier intento de concretar a Don Juan será siempre insatisfactorio. Por eso, este montaje no quiere únicamente representar las aventuras eróticas de Don Juan… más bien procura explotar las incertidumbres del texto y respetar sus incógnitas sin pretender darles respuesta”.



Y ciertamente creo que lo consigue y estoy con el autor en que este montaje “fue una celebración de los sentidos lleno de sensualidad, erotismo, literatura, música, comida y teatro. Un espectáculo lleno de todas aquellas cosas que nos dan placer”.

Al final y como colofón a la velada nos pasamos por la cafetería para saludar especialmente a Emilio por su actuación como Rey, con esa dicción profunda que le hace agrandar su estatura interpretativa hacia cotas altísimas pese a sus limitaciones físicas. Se mostró amable y nos reconoció rápidamente como alcazareños a pesar del escaso trato directo que habíamos mantenido con él.



Y me gustó verlo aferrado a su bici adaptada para surcar Madrid en tan entrañable vehículo, dando ejemplo de civismo ciudadano. Como me gustó comprobar, sin falsas mediaciones, el cariño y amistad que le profesan algunos compañeros de profesión que se acercaron también a saludarlo de modo muy afectivo. Por algo será.

Nosotros celebramos el retrogusto dejado por la representación con unos vinos en una terraza de Santa Ana, hasta que el rigor climático de la noche nos aconsejó cambiar de ubicación y buscar un lugar más resguardado.

Justo López Carreño

Noviembre de 2015

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