Artículos año 2016 PEÑÍSCOLA Y MORELLA<

Cerrando este amplio círculo viajero en época estival y aprovechando los días feriados en Madridejos, de los que Pepy disponía tras incorporarse nuevamente a su destino concursal, nos propusimos viajar a la provincia de Castellón para visitar dos de sus lugares excepcionales: Peñíscola y Morella.

A la primera llegamos después de un largo viaje por autovías en la tarde del lunes 12 de septiembre hasta acomodarnos en uno de sus muchos hoteles costeros en primera línea de playa pero con escaso encanto.

La zona vivía ya el declive vacacional propio de la época y pese a que eran fiestas populares, los establecimientos turísticos estaba a medio gas. Un amplio recorrido desde el hotel, siguiendo el paseo marítimo, nos permitió llegar hasta el centro de la población con su imponente tómbolo iluminado durante la noche y, además, poder cenar en un marco espléndido al borde del mar.

También comprobamos de paso como se “festejaba” en un escenario al pie del castillo el sonrojante maltrato a los toros de este país, que en este caso portaban bengalas de fuego en sus cuernos.

- “Si no consume, no puede estar aquí”,

me dijo llamándome la atención un joven camarero que velaba por el control de una terraza de bar con vistas al espectáculo. Ese “aquí” yo lo interpreto como un ¿aquí en este mundo, en esta España, o… en este pueblo?

Rematamos la noche con dos cervezas mejicanas “Sol” en un chiringuito a mitad del camino de regreso.

A la mañana siguiente gozamos de una sesión de playa memorable. Temperatura idónea, escasa gente y de avanzada edad a pie de arena y el agua agradable como pocas veces la hemos disfrutado para estas fechas. Ha sido una de las escasas ocasiones que se me hizo corto el tiempo pese a mi particular rechazo hacia esta actividad.

De todos modos acertamos con este horario tempranero que nos permitió abandonar el hotel a mediodía y dirigirnos a la zona amurallada para visitar el castillo del Papa Luna o Benedicto XIII, cuya efigie en bronce preside una de las zonas cercanas a la entrada.

Más que los restos en sí mismos, me llamó la atención el recuerdo de la historia de las luchas cismáticas en la Iglesia Católica que ya había iniciado con la visita al castillo de los Papas en Avignon hacía dos veranos con el grupo ciclista del I.C.C. y completado con el excelente relato de la historia que hizo Vicente Blasco Ibáñez en su libro “El Papa del Mar”, que en una edición de bolsillo nos regaló M. Bernard a los componentes del referido Club.

Como el tiempo se hace breve cuando se llena de contenido, pasamos a comer en El Mirador, una terraza con magníficas vistas panorámicas en la bajada de la fortaleza.

Nada más acabar el almuerzo nos dirigimos hacia Morella sorteando una serie de caminos asfaltados y estrechos, dirigidos por el GPS del móvil que nos puso finalmente en la N-232 cuando las fuertes estribaciones del Puerto de Querol estaban próximas.

La llegada a Morella no tardó en producirse y la vista panorámica de la población desde los últimos tramos de la carretera es espectacular. Nos adentramos por la sinuosas cuestas en busca del Hotel Cardenal Ram, situado en la zona céntrica y con dificultades para el acceso dado lo intrincado del conjunto urbano.

Pero esta búsqueda inicial nos permitió toparnos con la espléndida basílica de Santa María, una de las más bellas del Mediterráneo europeo en su estilo, que aprovechamos para visitar en ese mismo momento. Todo en ella es destacable. Desde sus arquivoltas exteriores con figuras en relieve, pasando por los rosetones que la iluminan, la espectacular subida al coro o el órgano situado en un lateral. Pero si todo lo anterior ya es especialmente bello, el retablo que preside el fondo del templo es de una majestuosidad y riqueza ornamental sublime.

Con estas buenas sensaciones nos fuimos para acomodarnos en el hotel que se encuentra situado en una casona solariega y lleno de un encanto especial. La habitación, amplia, coqueta y cómoda por dentro, tiene vistas a la montaña mediante seis ventanas de pequeño tamaño que se abren en los gruesos muros exteriores y permiten una luminosidad tamizada y agradable.

Dejamos la visita al Castillo para la mañana siguiente y aprovechamos para pasear y tomar alguna especialidad cárnica en uno de los bares con terraza mientras nos sorprendía la lluvia anunciándonos la llegada del otoño que hasta ahora se resistía.

A la mañana siguiente del miércoles 14 de septiembre recorrimos el anillo peatonal que rodea la población pasando por una alameda y por otras zonas de ocio, así como contemplamos el acueducto situado cerca de las Torres de San Miguel, que servían como una de las entradas a la ciudad. Este paseo nos permitió hacer hora para poder comenzar, a las 11 en punto, la visita que incluye el Castillo y el convento de San Francisco.

El castillo es de unas proporciones gigantescas, por lo que su posible restauración será costosísima. En cualquier caso deja ver lo que fueron sus principales dependencias y las funciones para las que estaban destinadas.

El convento está restaurado en la zona de la iglesia que se utiliza, con buen criterio, como nave para actos culturales. Para completar su recorrido pasamos a la sala “De Profundis” que proviene del “hecho que, cuando moría un monje menor, su cadáver era instalado aquí hasta el momento de su entierro y la comunidad lo velaba y le ofrecía un oficio litúrgico de difuntos y se cantaba, entre otros salmos y antífonas, el salmo “De Profundis”, el cual da nombre a esta sala dentro de los cenobios franciscanos”.

En dicha sala, lo más significativo es la existencia de una pintura en la parte superior de la derecha en la que “se representa una escena de la Muerte Heridora, simbolizada por la figura de un cadáver en tránsito, armado con un arco y un cacaj, disparando flechas contra el Árbol de la Vida. De su boca sale un filacterio en el que se lee: Nemini Parco (No perdono a nadie)”.

Lo cierto es que la pintura está bastante deteriorada en el original, por lo que hay varios paneles que han reconstruido lo que hubiera sido añadiendo los anteriores textos explicativos. Otro de esos textos se refiere a los versos que pronunciaría el arquero, que están tomados de la Danza de la Muerte y dicen:



“Así como sois, así fui yo,

tal como soy, así seréis.

Poco pensé en la hora de la muerte,

mientras disfruté del don de respirar

más ahora soy un pobre cautivo.

En el fondo de la tierra, aquí estoy,

mi gran belleza, toda, se perdió.

Mi carne se pudrió hasta los huesos.”



La sensación tétrica y macabra de la pintura nos acompañó en el último tramo de la visita y abandonamos el pueblo envueltos en esa atmósfera para regresar a nuestra tierra manchega no sin antes hacer una breve parada en San Clemente de Cuenca para recorrer su monumental plaza.



Justo López Carreño

Septiembre 2016

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