Artículos año 2017 SOROLLA Y COSSIO

Aprovechando un necesario viaje a Madrid para otros menesteres, decidí visitar dos exposiciones que se encuentran a escasa distancia entre sí, en la calle del General Martínez Campos, muy cerca de la parada del Metro de Iglesia.

La primera exposición tenía lugar en el Museo Sorolla. Ya acariciaba ganas de visitar este Museo, tanto por su ubicación como por la obra que contiene. Además, una vez visto, me recordó por un lado al palacete de la Fundación Lázaro Galdiano, salvando todas la diferencias y dimensiones, pero teniendo en común el ser edificios aislados en medio de la urbe madrileña y rodeados de amplios y magníficos jardines ambos. También, en otro orden de cosas, me evoca a la Casa Taller de Isidro Parra en Alcázar, que es una casa de artista que debe ser conservada y revitalizada como tal. Quizá esta expresión sería una síntesis adecuada para que el deseo de Isidro y la insistencia de Manuela, su viuda, se cumplan en un futuro y se deseche la palabra museo para designarla coloquialmente.

“El Museo Sorolla ocupa la casa que fue vivienda del pintor y su familia desde 1911. Las colecciones se distribuyen por todas las zonas visitables de la casa, que ha conservado casi intacta la decoración que tuvo en vida de Joaquín Sorolla. La colección de pintura convive, por tanto, con el mobiliario y los objetos originales de la vivienda. Se trata de una de las casas de artista mejor conservadas de Europa”.

En la actualidad hay una exposición fotográfica temporal titulada “Sorolla en su paraíso”, una visión fotográfica de Joaquín Sorolla que me resultó de gran interés. «La exposición pretende ofrecer un retrato fotográfico de Joaquín Sorolla y de su universo creativo y personal. Dada su condición de gran artista y gloria nacional, Sorolla fue siempre objetivo de los fotógrafos, algunos de ellos miembros de su círculo familiar y afectivo, como Antonio García, Christian Franzen, Campúa, Gertrude Kasëbier o González Ragel, que le retrataron en plena faena, en los ámbitos familiares y en los lances más relevantes de su vida».

Me llamó mucho la atención durante mi visita un grupo de niños sentados en el suelo y atendiendo con verdadero interés las explicaciones de su joven maestra que les trataba de acercar al universo del artista al tiempo que los animaba a formular preguntas y observaciones.

Como me apremiaba el tiempo, salí de allí para poder completar mi visita matinal a otra exposición en la sede de la Institución Libre de Enseñanza, situada a escasos metros en la acera de enfrente.

Bajo el título “El arte de saber ver, Cossío, la Institución Libre de Enseñanza y El Greco”, se ofrece una magnífica muestra que reúne un conjunto excepcional de documentos, fotografías, filmaciones, cartas, libros, revistas, manuscritos y piezas de cerámica junto a una selección de pinturas y esculturas de, entre otros, El Greco, Aureliano de Beruete, Ramón Casas, Sorolla, Carlos de Haes, Joaquín Torres-García, Federico García Lorca, Benjamín Palencia o Salvador Dalí.

Mi sorpresa vino motivada por la estrecha vinculación que el pedagogo de la Institución, al que yo había estudiado hace tiempo especialmente de la mano de mi amigo Fernando Arreaza en las tutorías de la UNED en Valdepeñas, mantuvo con el mundo del arte en general y particularmente también con El Greco, del que publicó el primer tratado sistemático, o con el propio Joaquín Sorolla, sin olvidar el aprecio que hacia la ciudad de Toledo y todo lo que representa dedicó en sus trabajos y actividades.

Todo ello también lo puso de manifiesto previamente mi amigo Enrique Sánchez Lubián, quién publicó un artículo en el periódico ABC de Toledo en el que entre otros párrafos señalaba:

«Toledo –escribió Cossío en 1905- es la ciudad que ofrece el conjunto más acabado y característico de todo lo que ha sido la tierra y la civilización genuinamente españolas. Es el resumen más perfecto, más brillante y más sugestivo de la historia patria. Por eso, el viajero que disponga de un solo día en España, debe gastarlo sin vacilar en ver Toledo».

«En 1908 publicó Cossío su monografía «El Greco». Fue la primera obra en la que se afrontó con rigor, metodología académica y argumentos razonados la figura del cretense, iniciándose con ella su reivindicación como uno de los padres del arte español y precursor de la pintura moderna».

Al final, la mañana se me hizo corta ante tanta carga de interesantes estímulos, por lo que no quería dejar pasar la oportunidad y dejar reflejadas en mi web estas primeras y sustanciosas impresiones vividas en la jornada de este día 19 de Abril de 2017.

Justo López Carreño

Abril de 2017

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