Artículos año 2017 LA CIUDAD DEL VINO

Uno de los objetivos de nuestras vacaciones veraniegas de este año, además de descansar y disfrutar de mejores temperaturas que las de nuestra estepa manchega, era conocer en directo la Ciudad del Vino en Burdeos, que quedó pendiente tras pasar por esta ciudad el año pasado dentro de nuestra ruta internacional de ciclismo con el I.C.C.

Y llegó el momento y cumplimos el propósito la mañana del jueves 17 de agosto cuando tomamos el tranvía cuya parada está detrás de la Catedral de Saint Jacques para recorrer casi todo el trazado de la línea B y detenernos en la misma Ciudad, una parada antes del fin de trayecto. Este aliciente del recuperado tranvía en muchas de las grandes ciudades francesas es otro motivo de gozo para los turistas que lo saben apreciar.

Desde la llegada a sus inmediaciones nos sorprendió el diseño vanguardista que nos recordaba el del Museo Guggenhein en Bilbao aunque con formas más redondeadas y tonos de un color diferente. También la ría, o en este caso el río Garona, le aporta cierta similitud a su entorno, si bien el paseo que lo circunda no es tan acogedor ni paseable como el del edificio vasco.

Después de ser revisados por seguridad antes de pasar al vestíbulo del edificio principal, procedimos a adquirir el tiket de entrada que da derecho a un recorrido general y una breve degustación de un vino en la planta de la terraza. Los precios de estos lugares nunca pueden valorarse porque todo depende de lo que uno encuentre y el grado de satisfacción íntima que le produzca la visita.

Porque como se dice en el mismo catálogo breve de la institución, la Ciudad del Vino es un lugar único de experiencias múltiples: un lugar donde el propio diseño arquitectónico merece contemplarse, un lugar que se visita para descubrir las diversas facetas del universo vinícola y es también un lugar de vida con numerosos eventos culturales que se suceden a lo largo de todo el año.

La Ciudad del Vino está reconocida como un bien de utilidad pública desde que se creó en diciembre de 2014 bajo las directrices de una Fundación que tiene como fin salvaguardar, revalorizar y transmitir las dimensiones cultural, histórica e intelectual del vino. Tanto su arquitectura como su escenografía son el resultado de una colaboración entre dos agencias, la parisina de arquitectura XTU Architects y la agencia inglesa de escenografía Casson Mann. Su arquitectura evoca un elemento líquido en movimiento y un mundo poético donde las palabras vino y viñedos encuentran su eco: el vestido del edificio, su marco, su redondez, sus reflejos e incluso su brillo.

Su escenografía, montada sobre una superficie de unos 3.000 m2, es inmersiva e interactiva concebida como un viaje a través del tiempo y el planeta en el universo de la viña y del vino. Ese recorrido multimedia de 19 espacios temáticos va descubriendo 200 aspectos diferentes, desde los aromas del vino griego a la vida de Luis Pasteur, desde los primeros vinos del mundo a los drones utilizados en viticultura.

Sería prolijo describir cada uno de los 19 módulos que componen el recorrido permanente de la 2ª planta del edificio, pero me referiré a algunos que me llamaron especialmente la atención. Así el nº 4 hace referencia a los distintos tipos de viñedos que han ido surgiendo gracias a la labor paciente y selectiva de los viticultores, que han logrado ser unos verdaderos jardineros de la vid consiguiendo unas variedades cada vez más próximas entre el viñedo y las fuerzas de la naturaleza que lo rodean. En un original montaje sobre estructuras de madera que imitan a la vid, aparecen los círculos digitales que son detectados por el léctor de audio que se entrega en la entrada y que describe en el idioma elegido el contenido del texto correspondiente.

El módulo nº 8 es una recreación audiovisual de un antiguo navío que, como en tiempos pasados, surca los mares cargado de vino para hacerlo llegar a lugares remotos. En cada época, los comerciantes se inventaron nuevas formas de transportar los vinos y de conservarlos para su mejor pervivencia y posterior degustación. Toda la sala te hace sentir a bordo de ese navío cuyos personajes animados recrean escenas que bien pudieron ser reales en algún momento y hasta se siente el bamboleo de las olas desde las austeras maderas de la proa a bordo.

El siguiente módulo que me llamó la atención especialmente fue el llamado “buffet de 5 sens”, es decir, un auténtico taller sensorial en el que se ponen en juego todos los sentidos para intentar apreciar al máximo las cualidades de un vino, dando claves para su degustación y dejando claro, en palabras de Claude Fischler que “ Hay un beber frío, técnico, que disecciona, analiza, capta el defecto; hay un beber caliente, que sueña, imagina, fantasea, recuerda, desea…”

Como se dice en uno de los paneles de esta sección: “Degustar es una manera de beber que requiere concentración y favorece la interacción. Es una práctica cultural y social. Pero, ante todo, es un placer para los cinco sentidos, una experiencia personal que moviliza la memoria, la imaginación y las emociones. Por eso, todo el mundo puede catar un vino sin ser experto. Diviértase descubriendo los colores, sintiendo los aromas y apreciando las texturas de los vinos tintos o blancos… Seguidamente descubra los secretos de los profesionales de la cata, sus palabras y sus códigos”.

También resultó muy interesante la asociación del vino y el arte del buen vivir. En este espacio se recrea algunas de las formas protocolarias del servicio del vino junto a otros alimentos mediante el diálogo de una periodista con expertos restauradores que hace de la puesta en escena en la mesa todo un arte. Ya lo decía el clásico poeta Homero: “No hay momento más feliz que cuando los convidados ponen su oído al sonido mientras el escanciador llena las copas desde el ánfora haciendo una ronda”.

Hay un espacio especialmente original que es posible gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación y es el que permite formular en directo todas aquellas dudas e interrogantes que nos asaltan para ser respondidas por algún experto. Y ello desde la convicción de que no se debe elogiar un vino sólo por dominar un vocabulario reservado a los más iniciados. Más bien al contrario, es un momento para despejar dudas por parte de enólogos, médicos, sumilleres, cocineros, restauradores…

El módulo 17, titulado “El vino divino”, pone de manifiesto que el vino ha jugado un papel esencial en el culto de las antiguas civilizaciones mediterráneas, como en la tradición judeo-cristiana. Esta instalación está formada por diferentes pantallas colocadas bajo arcos de madera que se elevan hacia el cielo: este espacio evoca también la arquitectura sagrada. La dimensión simbólica y litúrgica de la viña y el vino y está expresada en las representaciones artísticas: cerámicas decoradas, frescos, pinturas, acompañadas de música y de textos religiosos.

En la primera planta del edificio se encuentran una serie de amplios espacios de carácter más funcional. Así, el taller de los descubrimientos es una gran sala con capacidad para 44 personas dispuesta para llevar a cabo conferencias y degustaciones. Y el salón de los aficionados es otra sala para 15 personas que organiza talleres tan insólitos como “El vino de los escritores”. Por último el llamado espacio polisensorial donde se proyectan imágenes sobre una pantalla de 360º de luces, sonidos y olores para que el visitante se abandones en el universo del vino.

También en la primera planta hay dos espacios muy interesantes. La biblioteca, con más de 1.200 obras entre libros y revistas y una zona tranquila, cómoda y luminosa para sentarse a leer plácidamente sobre el mundo del vino y el Auditorio Jefferson, dotado de 250 butacas equipadas con la más moderna tecnología para poder celebrar una amplia programación cultural basada en conferencias, debates, coloquios, ciclos de cine y espectáculos en vivo. Su nombre obedece a la pasión del 3ª presidente de los EEUU por el mundo del vino y su difusión desde Europa a su país.

Completamos la visita subiendo a las últimas plantas. En la 8ª se encuentra el mirador que rodea circularmente toda la sala y que ofrece unas vistas impresionantes de la ciudad y sus alrededores. En el centro hay una enorme barra de bar en la que los visitantes pueden elegir y degustar de forma gratuita un vino. Para quienes quieran continuar, como hicimos nosotros, saboreando la magia del lugar, en la 7ª planta se encuentra un restaurante que ofrece menús y vino como única bebida a elegir. En su defecto se le pude achacar que el tiempo de servicio y su atención no están acordes con el resto de la oferta.

Para despedirnos dimos una vuelta nuevamente por la planta baja donde se encuentran la cava de botellas con más de 14.000 botellas, 800 referencias de las cuales 200 corresponden a vinos franceses y 600 a vinos del resto del mundo traídos de 76 paises y la boutique o tienda, que es un espacio dedicado al universo del vino con objetos de diversa índole todos ellos relacionados con el tema.

Si no fuera porque el precio de todos los productos se dispara, a uno le entran ganas de adquirir multitud de botellas, escanciadores, sacacorchos y diversos objetos verdaderamente originales. Lo que está claro es que la visita te despierta el gusto por brindar con vino a la menor ocasión, aunque fuimos conscientes de que los precios que tenemos en España, tanto por copa como por botella se duplican o triplican en el país vecino. Eso es una suerte o un inconveniente según el objetivo que cada cual se proponga. En todo caso, brindemos con una copa de vino a la salud de esta iniciativa.



Justo López Carreño

Agosto de 2017

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