Artículos año 2018 POR LA CAMPIÑA CORDOBESA


Adentrarse en la campiña cordobesa en pleno invierno es una aventura tendente a la sorpresa benevolente de un clima siempre asociado a las altas temperaturas. No fue así durante estos días compartidos aprovechando las minivacaciones de carnaval para la aún trabajadora compañera.

EL SÁBADO 10 DE FEBRERO partíamos en dirección Andalucía por la N-IV y tras llegar a Bailén, con el siempre emocionado recuerdo de Jesús de Haro, tomamos una cerveza en un bar cutre situado en unas de las salidas de la Autovía. Iniciamos una serie de dudas y equivocaciones para tomar la salida correcta hacia Bujalance desde Montoro y una vez encaminados divisamos un pueblo en alto que merecía postal: Espejo. De allí hasta Montilla donde deambulamos por sus callejuelas, tuvimos dificultades de aparcamiento y encontramos El Convento, un bar familiar y moderno con tapas artesanas y productos de primera calidad que nos encantó.

Luego nos dirigimos hasta el alojamiento en la casa rural céntrica llamada Lujo Pobre, un caserón decimonónico heredado familiarmente por su amable propietaria que lo ha destinado a la explotación turística desde hace poco tiempo. Fue una experiencia novedosa pero grata. Estar rodeados de cuadros, muebles antiguos y objetos valiosos de decoración fue estimulante, salvo por el frío ambiental que no logramos hacer desaparecer ni con el aire acondicionado.

Ya por la tarde nos encaminamos a recorrer las principales calles de la ciudad y en la más importante nos topamos con la pastelería de Manuel Aguilar, un local conservado como en sus orígenes con mostradores de madera, escaparates a juego y una decoración a tono con la época pero adecentada. Además tomamos algunos dulces exquisitos y típicos de la población.

Luego seguimos con el paseo y llegamos hasta la Casa del Inca Garcilaso, del cual se conservan numerosos motivos y vestigios de sus andanzas que resultan curiosos de contemplar. La cena tuvo lugar en El Bolero, un bar con una carta de vinos amontillados servidos por un experto sumiller que nos ilustró sobre los procesos de elaboración y crianza de los mismos. Los acompañamos de unas tortillas de camarones y una espectacular ventresca de pez espada.

Antes de retirarnos a descansar tomamos un té florar en un local cercano al alojamiento en donde una soltera en su despedida tenía como reto dar un abrazo consentido a un amplio número de personas, por lo que tuve que contribuir a que lo lograse abrazándola como si la conociera de toda la vida.

Gracias al aire acondicionado pudimos dormir y descansar hasta el día siguiente.



EL DOMINGO 11 DE FEBRERO desayunamos en el comedor de Lujo Pobre con la atenta presencia de su propietaria que nos dio conversación además del café y unas tostadas con aceite virgen de la tierra que estaban exquisitas. Le compramos unas botellas para casa. Salimos en dirección a Puente Genil y nos encontramos a la llegada una carrera popular que tenía cortadas las principales vías de paso por la misma. La intención era visitar el Palacio de los Duques de Medinaceli, pero los paisanos no habían oído ni por asomo semejante título nobiliario hasta que, en la Oficina de Información turística, la joven pero inexperta encargada nos dijo que no estaba muy segura pero que podía ser uno de los palacios visitables aunque no en ese momento por razones de dotación presupuestaria.

Continuamos viaje hasta Estepa y su zona alta en la que se encuentra una fortaleza y el convento de las Clarisas que fabrican dulces muy afamados. Compramos lo único que les quedaba fuera de temporada navideña que es cuando realmente se esmeran. Tuvimos que completar los dulces en una de las grandes tiendas de la salida que no cierran a lo largo del año y siempre tienen variedad de especialidades.

Continuamos hasta Antequera. Era uno de los objetivos estrella de la salida y no nos defraudó. Todo los contrario. Desde el inicio de la visita nos pareció una ciudad monumental con edificios solariegos y palaciales, gran ambiente y gentes muy sencillas y acogedoras. Como la propietaria de la Taberna “Sal y pimienta” en plena zona turística, que nos sirvió unas “patatas arropás” junto a un vino amontillado magnífico, sin dejar de emitir frases graciosas a los clientes más habituales. Siguiendo la ruta de tapeo por esa misma calle llegamos al “Rincón de Lola”, otro lugar peculiar decorado con motivos taurinos en el que sirven tapas variadas que sirven de comida improvisada sin necesidad de menú.

Aprovechando los encantos de la ciudad y de que un tren turístico estaba a punto de iniciar uno de sus recorridos, nos subimos a él y pudimos contemplar las zonas y lugares más atractivos de la población. De regreso emprendimos, ya con nuestro coche, una salida hacia El Torcal, una zona de formación kárstica con espectaculares formas de piedra y un paisaje digno de conocer. Ciertamente el número de visitantes era notable.

Ya de nuevo en la población nos dirigimos a Ronda y después de acomodarnos en el Hotel Acinipo, junto a la Plaza de Toros, fuimos hasta la plaza más cercana y entramos en la La Taberna, donde degustamos unos sabrosos ibéricos y nos encontramos casualmente con una pareja de alcazareños que estaban igualmente de turismo por la zona. De allí nuevamente al hotel para descansar.

EL LUNES 12 DE FEBRERO amaneció lluvioso y desde primera hora buscamos un desayuno diferente en la churrería Alba de la calle principal de Ronda, que estaba atestada de público y con la particularidad de que por su estrecha escalera de acceso a la primera planta no se podían cruzar dos personas, por lo que la dueña ejercía también de reguladora de ese tráfico interno para acomodar al personal. Descubrimos por fin donde se encontraba el tajo con su famoso puente sobre el río y todos sus alrededores, que son la zona más frecuentada por todo tipo de visitantes, especialmente japoneses que pululan por doquier. Toda la ciudad tiene un encanto especial. Llovía cada vez más y finalmente llegó la hora de la comida y nos refugiamos en un céntrico local de la plaza para degustar un menú discreto. Seguía lloviendo a la salida y en ese ambiente partimos hacia Grazalema atravesando las primeras e importantes estribaciones serranas. El renacer primaveral, los campos verdes y la suave lluvia mezclada con claros de sol hacían que el arco iris apareciera intermitentemente en el horizonte dotando a la escena de un cromatismo espléndido e inesperado. Fueron los momentos más plásticos de la salida en cuanto a paisajes se refiere.

La llegada a Grazalema nos fue descubriendo los encantos de la población ahora en silencio dada la época y las horas. Recorrimos sus empinadas calles, miradores y sitios turísticos, especialmente los relacionados con sus antiguas tradiciones artesanales de mantas y otros paños similares que ya son leyenda. Con razón es el lugar con más pluviosidad de España. Tuvimos ocasión de comprobarlo en directo y con creces.

De regreso a Ronda solo nos quedaba ver algún juguete para nuestros nietos en una tienda especial y tradicional que tenía auténticos tesoros, aunque subidos de precio, como suele ocurrir. Desestimamos el gasto y recurrimos al objeto simbólico y manido. Para rematar la jornada cenamos en Toro Tapas, un lugar reconvertido a los nuevos tiempos pero que ofrece especialidades tradicionales como el rabo de toro estofado y una carta de vinos muy sugerente.

EL MARTES 13 DE FEBRERO desayunamos en el bar Las Campanas situado en la Plaza del Sacramento de Ronda y dimos por terminada la estancia en la afamada población. Luego iniciamos el camino de regreso pasando pro Setenil de las Bodegas, una muy pintoresca localidad, en donde la roca forma un porche natural para las casas enclavadas entre todos sus recovecos. Como nos dijo una mujer, “cuando yo moceaba el pueblo tenía unos cinco mil habitantes, ahora apenas pasan de los dos mil”. Dividido por el río en dos mitades, la una siempre al sol y la otra a la sombra. Cuenta con buenos productos como reclamo para el visitante entre los que cabe destacar el queso de cabra payoya, las fresas que traen de Huelva y los vinos de la serranía de Cádiz.

Continuando el viaje nos presentamos en Montoro, esta vez sí entrando en su parte más pintoresca y llegando hasta la Plaza de San Bartolomé que alberga una impresionante torre rojiza. Comimos junto a un balcón con espléndida vista degustando unos espárragos trigueros recién cogidos en la sierra. A nuestro lado se sentó la alcaldesa de la población de modo casual, según pudimos comprobar por las palabras del camarero.

Después de una nueva incursión en las cercanías del río, desde donde se divisan unas magníficas vistas, continuamos el viaje de retorno con una parada fugaz en Santa Cruz de Mudela y llegada feliz a Alcázar hacia las 19:30 horas.



Justo López Carreño

Febrero de 2018

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