Artículos año 2021 SANTIAGO RAMOS, POETA


Se apagó definitivamente la voz del último reducto lírico cercano. Ahora queda su palabra escrita, su memoria y recuerdo cuya trascendencia dependerá del acierto de quienes los gestionen. Santiago era consciente de que su Olimpo estaba unido al ámbito de su territorio, que no estaba dotado de la genialidad o el oportunismo de quienes hacen de su obra un patrimonio incontestable de aportaciones genuinas, pero eso le otorgó una fidelidad perenne al modo de entender la vida y la poesía, de la que se puede decir que fue un auténtico vocacional.

Según el poeta y crítico Amador Palacios, “el amor, la amistad, fue la rueda incesante de su vida. La muerte, en su poética, es la determinante, la desahogada, la culminante realidad de la poesía. No en vano uno de sus recientes libros, conjunto de sonetos, se titula ‘Veladas con mi muerte y con mi amor’. Casi siempre ha volcado su poesía en forma y metros tradicionales ceñidos en la horma del cantar popular, forma que algunos ignorantes hacen de menos, tienen por menor, cuando es justo al contrario, siendo esta elección preferida por las vanguardias, hijas, aunque parezca paradójico, de la tradición”.



Para José Corredor, otro de los ilustres poetas alcazareños de nacimiento y amigo personal de Santiago, éste fue clave para mantener la identificación con la vida social y cívica de Alcázar y puedo dar testimonio de que gracias a esta amistad, de la que me habló en una visita a su estudio en Barcelona, los vínculos entre ambos fueron constantes y fértiles.

Haciendo un ejercicio retrospectivo de mis contactos con Santiago, debo señalar mi última conversación telefónica que tuvo lugar en las pasadas navidades de este fatídico año de la pandemia. Su voz me llegaba débil y cascada. Me estuvo aclarando la composición de una foto escolar en la que él aparecía junto a un grupo de compañeros en la antigua Academia Balmes junto a Vicente Paniagua, con motivo de mi biografía de este último.

Precisamente la última presencia en vida la tuve en mi propia casa con los dos mencionados anteriores. Como era habitual, Santiago se prestó gustoso a relatar algunos de sus recuerdos escolares y aportar esa foto referida que ahora ya guardo como una reliquia y que forma parte del contenido del libro biográfico de su coetáneo y compañero de aula.

Por esos mismos días, han quedado registrados los últimos mensajes que intercambiamos por el móvil. Con fecha de 25 de diciembre me contestó a una felicitación navideña que le había remitido diciéndome: “Muchas gracias. Feliz Navidad de la Esperanza a la vida”. El 9 de enero de este año 2021 le envié el enlace al relato que publiqué sobre la tienda de mi padre sabiendo de su predilección por lo costumbrista. Su respuesta casi inmediata fue: “Lo leeré encantado”. Ya no volví a tener noticias suyas hasta conocer su fallecimiento el 24 de enero de 2021.



El 10 de junio de 2020 me ayudó a localizar una curiosa fotografía de la que yo no recordaba ni fecha ni motivo. Finalmente resultó ser un acto de presentación del libro “Crónicas del Conocimiento” de nuestro común amigo Daniel Escribano, del que fui autor del prólogo y que estuvo acompañado por el entonces alcalde de Alcázar José Eugenio Castellanos y de la poeta y amiga Pilar Cruz en el año 1994.



En mayo de 2016 fui invitado por la entonces directora del Colegio Juan de Austria, además de amiga y compañera de tareas docentes, Milagros López Simón, para acompañar a Santiago en unas jornadas de encuentro y divulgación de la poesía, en la que me llevé la grata sorpresa de que se utilizó mi página web como proyección para conocer a Santiago y algo de su obra, como queda reflejado en el apartado de Poetas de Cercanía en la referida web.

En diciembre de 1999 nos visitó nuevamente en casa para dedicarnos su reciente libro “En el cuarto cerrado del amor”, del que yo le había animado anteriormente a que lo finalizase porque me pareció de gran interés y calidad. Así lo expresó en su dedicatoria manuscrita que dejó en un ejemplar y más adelante lo han refrendado críticos como Amador Palacios que considera dicha obra como una de las más meritorias del autor.

En Enero de 1996 publicó una carpeta titulada “La Navidad en la calle Torres en veinte estampas” que igualmente nos dedicó de forma personalizada con el siguiente texto a modo de canción:

Canción para Justo López Carreño y su mujercica
Con motivo del Año Nuevo de 1997


La avenida de Criptana
cerraba el paso a nivel.
La avenida de Criptana,
con el pi-fa-fa del tren.

La cola de camiones
de piedra llegaba a ser
hasta que la campanilla
alzaba la barra en pie.

A lo largo de las vías
-paseos con terraplén –
los mercancías cargaban
la tos ferina a granel.

A la caseta de agujas
y al guarda, como un papel,
los envolvía en su trenza,
el humor largo del bien.

Y los domingos en fila,
la gente venía a ver,
pasar a los viajeros
sin mejor cosa que hacer.

La avenida de Criptana,
que adoquinara el ayer,
ha muerto como un suicida
bajo las ruedas del tren.

Hecho en Madrid el día 18 de Enero de 1996. Con mucho afecto, Santiago.



No puedo dejar de mencionar otra de las visitas que nos hizo a nuestra casa para dedicarnos su libro “De poeta por la Feria” en agosto de 1993, con su acostumbrado despliegue de estilográfica, pipa de humeante tabaco aromático y caja de lápices de colores con los que decoró un sencillo dibujo alusivo a las barcas de la feria, y en cada una de ellas el nombre de nuestros hijos y en el frontis de la atracción el nuestro. El libro está prologado por Antonio Moreno y las ilustraciones son de Isidro Parra.

A comienzos de los años noventa tuvo lugar el momento de mayor contacto por mi parte con Santiago, pues ambos formamos parte del grupo literario que en 1994 editó la revista “La veleta del sastre”, nombre que él tomó de ese artefacto situado en el tejado de una antigua sastrería en la calle Castelar alcazareña, no sin pasar antes por la votación aprobatoria del resto de integrantes del grupo, que en sus inicios se reunió en la sede de la Academia Sócrates que nos prestó Javier Tejado como propietario de la misma y miembro del floreciente proyecto.

Santiago participó en numerosas tertulias los sábados por la tarde cuando se encontraba en nuestra población, pero siempre mostró su desdén hacia esta actividad en aras de que finalmente se consolidase la idea de una publicación, que era lo que realmente le motivaba. Por eso, no olvido uno de los momentos de tensión que se produjeron cuando uno de los componentes propuso denominar como grupo literario “Záncara” al mencionado. La respuesta de Santiago fue rápida y llena de ironía:

- ¡Qué original!

Estaba claro que ya existía en la provincia el Grupo Guadiana y parecía una imitación carente de creatividad. Lances de este tipo fueron sucediéndose, pero las aguas no se desbordaron y lo que finalmente sucedió es que la revista alcanzó el cuarto número en noviembre de 1995 sin que las perspectivas de financiación fueran viables, por lo que terminó desapareciendo y con ello sus promotores y responsables.

Pero los que disfrutábamos con el debate, las anécdotas de grandes autores, con los que Santiago había convivido, o la puesta a disposición de borradores, iniciativas y proyectos nos resultaba un momento placentero y enriquecedor. Además, fueron bastantes otros aficionados a la escritura los que fueron acercándose con desigual continuidad. Así recuerdo al ya mencionado Amador Palacios, al que conocí en ese ambiente, Pilar Cruz, siempre ocurrente y desprejuiciada, Gloria González Jareño, humilde y receptiva de nuevos aprendizajes, Jazinta Nuño y algunos más que la memoria no me alcanza.



Al poco tiempo surgió la propuesta de creación de un Ateneo alcazareño en el que tendrían cabida diversas actividades culturales, especialmente las literarias y en ese empeño se disolvió el anterior grupo para integrarse en esta nueva iniciativa aunque en ella no estuvieran todos los anteriores. Pero esto es motivo de otra disertación.

Finalizando este somero recorrido retrospectivo puedo decir que las anteriores imágenes de Santiago se remontan a mis tiempos escolares en el colegio de los Trinitarios de Alcázar en los que yo lo situaba como uno de los “mayores” que cursaban bachillerato mientras nosotros comenzábamos la primaria y que por su domicilio frente a Doña Acacia en la calle Torres, era persona conocida con la que te encontrabas habitualmente en las idas y venidas al centro educativo. Pero ahí si que ya se me pierden los recuerdos de esta persona que siempre permanecerá entre mi patrimonio de conocimientos y afectos.



Justo López Carreño

Marzo de 2021

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