José Corredor-Matheos

La primera vez que tomé contacto personal y directo con Corredor fue a través de Isidro Parra que nos lo presentó en el patio del Museo Fray Juan Cobo cuando se hacían exposiciones y otros eventos culturales. Desde el primer momento me llamó la atención su afabilidad y sencillez al tiempo que su espectro de saberes era amplio y profundo.

Más adelante me sorprendí, visitando un museo de juguetes en Huesca, al ver un tratado histórico sobre la evolución de estos objetos firmado por él. Desde entonces intenté seguir su pista que además coincidió con su nombramiento como hijo predilecto de nuestra ciudad y con recibir el Premio de las Artes Plásticas de la Generalidad de Cataluña. Con este motivo le escribí una carta de felicitación a la que me respondió con diligencia y amabilidad.

Cuando publicó su obra “El don de la ignorancia” merecedora del Premio Nacional de Poesía en 2005, comprendí el alcance de su dimensión literaria y cómo une poesía y vida siguiendo a los grandes clásicos que han logrado conjugar sencillez y profundidad en su expresión, diferenciando entre actualidad y moda, puesto que lo esencial permanece siempre, y lo van renovando los distintos autores en cada momento.

Recientemente ha publicado un nuevo libro “Un pez que va por el jardín”, que no he podido aún leer, pero que será uno de los que con toda seguridad aguarden en mi lista de favoritos.


HAY que llegar al borde
y apurar esta vida
que duda de sí misma
y que vacila,
y acaso se detiene.
Y volver, si es posible,
por haber descubierto
que nada, nada pasa,
porque no hay en ti
más que ocres,
estos grises,
los oscuros azules
del otoño.

SOSEGAR el espíritu
entre el pavor y el gozo
de vivir.
Y que el mismo sosiego
sea el signo gozoso
de que el pavor empieza.

Ante un cuadro de Josep Guinovart

SALE la vida a borbotones,
mezclada con cristales
y con ramas
arrancadas del árbol
de la infancia.
Tu último designio
es descubrir
lo que tiene la vida
de carne temblorosa
y explosiva.
Por esto vas volcando
tus ansias de vivir
en un plato con ojos
encendidos,
descontento de todo,
de como va pudriéndose
de amor y odio el mundo,
mientras sigues pintándolo
con los colores puros
de la sangre
disuelta en tu paleta.


Campo de La Mancha

ESTE campo tan ancho
viste la desnudez
que tú anhelabas.
Mirándolo descubres
lo que eres
cuando logras librarte
de todas las montañas,
los ríos y los árboles
que impiden ver en ti
más allá del paisaje,
de todos los paisajes.

De "El don de la ignorancia"
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