Ventura Villanueva


Buenaventura Villanueva fue mi primer “maestro” en la iniciación al mundo poético y literario allá por los comienzos de los años setenta cuando ambos éramos jóvenes estudiantes de Magisterio y residíamos juntos en el Colegio Menor “El Doncel” de Ciudad Real.
La cercanía del parque Gasset, las interminables tardes de algunos días con los deberes ya cumplidos y el vacío familiar y afectivo que nos invadía, propiciaron, como suele suceder en esos momentos evolutivos y más en aquella época poco dada al cultivo de las artes creativas, el diálogo y el descubrimiento de los poetas más interesantes, renovadores e incluso transgresores de un orden que estaba tocando a su fin en lo político y a una lenta pero profunda revolución en lo social.
Ventura, como le llamábamos amistosamente, supo facilitarme el deseo de la lectura y encender la llama del aprecio y la curiosidad por este modo singular de expresión. De él guardo algunos textos poéticos manuscritos y una novela mecanografiada e inédita titulada “Las dos uves de Cirilo”. Con él mantuve una entrañable correspondencia cuando fue destinado a El Aiun para cumplir el servicio militar en la etapa de la descolonización española y la "Marcha Verde" marroquí. Lamentablemente he perdido su rastro pero sigo guardando su recuerdo agradecidamente.

PARÁBOLA

Eran dos jóvenes amigos,
ella hablaba de rosas y de hijos;
él escuchaba en silencio y pensativo.
Se fueron allí
a las afueras del pueblo
y juntaron sus penas, sus nidos.
La tarde era un cerezo en flor
y sus cuerpos una vela encendida en el deseo
Se amaron, sin hablar.
Se sintieron.
Ella fue por la noche a su casa.
Él a su abrigo.

Las familias del pueblo eran distintas,
tenían distinto vino.

Se supieron parábolas entonces
y cayó una túnica blanquísima
que sepultó aquel pueblo y aquel vino.

(Nacieron seres justos, objetivos
que unían sus penas, sus caminos,
ya no había ni familias ni vino.)

He ansiado conquistar un nombre
y seguir pidiendo injustamente
elogios que no me corresponden.
Mátame el orgullo y la soberbia
y encuéntrame de cara como el viento.
Sóplame y lléname de un aire nuevo,
que no sepa de dobleces y mentiras.
Quítame la suspicacia
que siempre guardo
y ayúdame a comprender mis palabras.
Profesión: palabrero
retórico, vacío
inconsistencia farragosa.
El cristal de mis ojos es muy viejo.
Los trucos de las letras son sencillos,
aunque luego no sea capaz de decir nada.

(Del Libro “Mi voz”)

A veces es difícil escribir,
tener que escupir sangre por la boca,
vomitar penas y protestas,
levantar la voz incómoda y arisca.

Preguntando a las luces del alba
por qué vivo;
llevando una tensión encima
que para algunos raya en la locura.
queriendo creer
aún sin tener fuerzas para ello,
viviendo inmerso en el mundo,
queriendo con mi yo más verdadero,
dando gracias a todos porque sí
y diciendo que es bueno ser cristiano.

Tengo miedo de no poder llegar,
de estancarme,
de quedarme con la alas rotas
flotando vagamente por el aire.
Tengo miedo de tanto pesimismo
que me enrosca poco a poco la garganta
y que quiere hablar de la impotencia.

(De “La palabra”)

Tu no te preocupes, amigo,
mientras tengamos la palabra
podremos comernos las bombas
podremos decir que no
a los síes de la masa.
Tu no te preocupes, amigo,
nos comeremos las rosas
nos beberemos la hiel.
Somos amigos de la Palabra,
masticaremos los tanques, amigo,
y haremos al hombre:
PALABRA.

(De “Momentos”)

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