Artículos año 2011 Fariña

Manuel Fariña es un viticultor, bodeguero y empresario que heredó una propiedad vinícola familiar en Casaseca de las Chanas (Zamora) en plena comarca de La Tierra del Vino y, no sin esfuerzo, dedicación y sabiduría, ha sido capaz de crear una de las marcas de vino más prestigiosas de España, transformando la imagen de los clásicos vinos de Toro, otrora ásperos y de una excesiva graduación alcohólica, en vinos de una exquisita gama de matices que van desde el aromático Primero, de maceración carbónica y excitantes notas sensoriales a sus vinos más afamados, crianzas y reservas, bajo el nombre de Gran Colegiata en honor al monumento más emblemático de la ciudad donde reside su bodega en la actualidad.

Fariña estuvo en Alcázar de San Juan el pasado sábado 2 de abril como dinamizador de una cata, promovida por el Ateneo de esta ciudad y organizada por su colega y excompañero de estudios enológicos, Frutos López, quien llevó el peso de la presentación y se encargó de moderar el ilustrativo debate, además de formular un cuestionario previo de temas que ayudaron a los participantes a tratar de aclarar e incluso desmitificar algunos de los tópicos que lleva aparejada la cultura del vino en nuestra sociedad y que en algunos casos no responden ni a criterios científicos ni a realidades objetivas.

Para mí, una de las apuestas más contundentes del experto Fariña fue la de poner en evidencia que ni siquiera los catadores profesionales se ponen de acuerdo en sus apreciaciones, como se puso de manifiesto en una cata en EE.UU. a la que asistió hace algún tiempo y que consistía en tratar de puntuar diez vinos, los mismos, pero cambiando en tres tandas los distintivos, esto es, el anonimato completo, la marca y finalmente el precio. Curiosamente los resultados variaron ostensiblemente, lo que pone en evidencia que factores como los referidos, marca y precio, son condicionantes, en muchos casos injustificados, de una valoración que de otro modo no se daría.

También me resultó muy interesante el reconocimiento que se hizo acerca de la injustificada y en muchos casos fantástica literatura que preside las notas de cata, llegando en ocasiones a lo esperpéntico de que no a lo indescifrable por lo insólito de las comparaciones: frutas exóticas inalcanzables en los mercados cercanos, aromas de sustancias casi desconocidas y, en definitiva, una carga retórica más encaminada a engolar artificialmente el texto de la etiqueta que a facilitar unas notas comprensibles y sencillas al alcance de cualquier consumidor.

Además de las muestras de sus grandes conocimientos como viticultor, que están a la base de toda posterior elaboración de calidad, Fariña lamentó el descenso del consumo de vino en un país como España que está a la cabeza entre los productores y que cuenta con regiones como La Mancha que suponen el mayor viñedo mundial en superficie. Además, en este punto, hubo unanimidad de criterios al considerar que gran parte de este fenómeno viene dado por el cambio de cultura gastronómica entre los jóvenes, que han prescindido de acercarse al vino, según venía siendo tradición, como un alimento más de nuestra dieta, iniciado desde la propia familia cercana (recordamos las catas de pan mojadas en vino y azúcar, de nuestra infancia) para después ir dando paso a un consumo habitual, moderado, racional y sano, enriquecido progresivamente por la mejora en las técnicas de elaboración y en la actual higiene alimentaria propiciada por los avances más modernos de control y conservación de la fermentación, trasiego y crianza de los diferentes vinos. En cambio, ahora los jóvenes suelen optar por bebidas destiladas de alta graduación o mezclas con refrescos gasificados de fácil paso y escasa consistencia.

El acto, que contó con la presencia del Alcalde de Alcázar de San Juan y del Concejal de Medio Ambiente y Agricultura, además del candidato del Partido Popular para las próximas elecciones, tuvo su continuación con la degustación de unas gachas manchegas en un local de la población alcazareña al que acudimos ya un grupo menos numeroso, pero más cercano a la figura de Manolo Fariña y su esposa Nati, a los que conocimos hace ya bastante tiempo y de los que conservamos un recuerdo entrañable por su amable y atenta hospitalidad. Manolo conserva, como los buenos vinos, un halo de sabiduría contagiosa que hizo de la tertulia de la comida una prolongación espontánea y agradecida de lo mucho que puede enseñarnos.

Justo López Carreño

Abril de 2011
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