Artículos año 2018 DE CHIRICO, GOYA Y BUÑUEL


Deseaba inaugurar el año 2018 visitando en Madrid alguna exposición de interés. Cuando finalizó el día había cumplido el objetivo con creces, pues fueron tres, nada menos, las que pude presenciar aunque con distinto grado de dedicación.

Después de bajar del tren que cómodamente nos deja en Atocha, a la hora de apertura del entramado cultural y museístico madrileño, solo tuve que recorrer unos metros para acercarme a Caixa Forum, en el Paseo del Prado, y adentrarme en la exposición dedicada a Giorgio de Chirico, un artista que guardaba en la memoria reciente por la parte de su obra que se encuentra en el Museo Gregorio Prieto de Valdepeñas, que también visitamos a comienzos de este mismo año.

Me sorprendió su vinculación al movimiento metafísico inicial que le otorga un halo de misterio ya desde sus primeras composiciones. Creo que lo decisivo fue su paso por Italia donde compone sus enigmáticas figuras de maniquíes y se acerca a los clásicos mediante esas transformaciones tan personales. Dicen los críticos que estas producciones influyeron en los surrealistas y en numerosos escritores y artistas que se inspiraron en él.

La exposición incluye unas cuantas esculturas realizadas en bronce y terracota y en las que describe su concepto de “escultura suave” porque “si una escultura es dura no es una escultura”. Una escultura tiene que ser suave y cálida, como la pintura, para ser bella. En la muestra también se expone su escultura monumental El arqueólogo, de 1968. Como se dice en el propio catálogo de la exposición, “Los mundos que De Chirico narra en su arte son mundos verosímiles, mundos que pueden ser investigados, rastreados y cuestionados, mundos en los que él mismo representa el papel de un oráculo escondido, ocultando su secreto mientras lo revela a través de todos los medios que su profunda y meditada cultura humanista pone a su disposición”.

Con este buen sabor de boca inicial, tomé el autobús en la acera de enfrente para llegar hasta la Plaza de E. Castelar y en un breve paseo dirigirme a la Fundación y Museo Lázaro Galdiano, en la calle Serrano y lugar ya habitual en algunas de mis visitas. Esta vez tenía varios temas que abordar. En primer lugar, entregar varios libros como contribución a la exposición de Alicia Martín, Reinterpretada, que lleva por título Archivo 113, en referencia al número del expediente asignado a los bienes de la Colección de José Lázaro en la Comisaría General del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (SDPAN), que protegió y devolvió los bienes después de la Guerra Civil española.

Con ello he conseguido, además de formar parte de la misma, una entrada doble para visitar la exposición y acudir a la fiesta de inauguración, si la fecha resulta favorable. En cualquier caso, la “Lázaro Galdiano” siempre me resulta atractiva por sus iniciativas, sus jornadas técnicas sobre el mundo del arte y también por sus exposiciones temporales, lo que es una buena fuente de ideas para trasladarlas al quehacer de nuestra Fundación Isidro Parra que, salvando las distancias, tiene mucho que ofrecer y mostrar en el ámbito de nuestra tierra.

Así pues, como si de una cierta continuidad con el surrealismo neometafísico contemplado en la obra de Chirico, me introduje en la exposición dedicada a Goya y Buñuel en la planta baja de uno de los edificios del palacete madrileño. El montaje es breve pero sugerente, con numerosas pantallas en las que se proyectan secuencias de la obra de Buñuel y se comparan imágenes icónicas con las pintadas por Goya casi tres siglos antes. Como dice el pequeño folleto explicativo de la exposición titulada “Los sueños de la razón”, ambos “supieron escudriñar la naturaleza humana, sobre todo en aquellos aspectos más inaprensibles y resbaladizos, valiéndose ante todo del lenguaje de las imágenes, el “idioma universal” que dijera Goya”.

Me llamaron mucho la atención las frases y sentencias grabadas en las paredes como reflejo del pensamiento de ambos genios creadores. Especialmente decisiva me parece la cita de Goya en la que afirma: “Ni temo a brujas, duendes, fantasmas, balentones, gigantes, follones, malandrines, etc. Ni ninguna clase de cuerpos temo sino a los humanos”. También esta otra de Buñuel cuando afirmó: “El cine es un arma maravillosa y peligrosa si la maneja un espíritu libre".

“Goya descubrió en la sátira un magnífico vehículo para ejercer la crítica sobre las conductas humanas reprobables. Buñuel, además de leer a los clásicos, se sintió atraído por disciplinas y autores que explicaban los complejos mecanismos de las motivaciones y pulsiones del ser humano, desde Darwin a Fabre, Sade o Freud”.

“Goya y Buñuel penetraron lúcidamente en la imperfección de la naturaleza humana y supieron dar cuenta de ella con espíritu crítico. Goya arremetió contra las malas prácticas de la educación, de las ocupaciones laborales, del clero, de la medicina, de la nobleza y de otras muchas condiciones humanas. Buñuel convirtió su producción cinematográfica en una permanente llamada a la incomodidad que obliga a pensar y a tomar postura, formulando un llamamiento a la reflexión acerca de los desajustes sociales y políticos, acerca del absurdo del poder establecido y trasluce el anhelo del ser humano por una nueva edad de oro, pero constata a la vez su crueldad e imposibilidad de alcanzarla”.

“Los dos creadores, en fin, acabaron planteando la misma desalentadora conclusión: no es posible ejercer la libertad plena en otro ámbito que no sea el de la imaginación”.

Satisfecho por el contenido de esta segunda muestra de arte y aprovechando el buen día climatológico que nos deparaba la naturaleza, bajé nuevamente hasta Cibeles para visitar en su sede de Centro una nueva muestra de original creatividad titulada “Máquinas de vivir. Flamenco y Arquitectura en la ocupación y desocupación de espacios”. "Máquinas de vivir toma su título de la locución primera que hiciera Federico García Lorca del famoso "machine à habiter" de Le Corbusier, figura clave y original del urbanismo y la arquitectura modernas. El término funcionalista lo aplica Lorca a la modesta vivienda de un flamenco de Granada. La apelación es conflictiva, hay trazos paternalistas, orientalistas, incluso colonialistas en ese asimilar la funcionalidad de la casa moderna con la necesaria sobriedad de la casa de un pobre. No obstante, la brecha de significados que Lorca abre entre el vivir y el habitar es el centro sobre el que gravitan nuestras pesquisas: vivir y habitar, zoé y bios, vida natural y vida política".

Fue la culminación a una mañana intensa pero satisfactoria por la cantidad de sensaciones y cuestionamientos que uno se plantea con la fuerza de la sugerencia que transmiten los grandes creativos del arte. Después de semejante baño cultural era hora de pasear por el centro de Madrid en busca de algo más profano. Lo conseguí gracias a la comida compartida con dos de mis amigos allí residentes y degustando un exquisito menú gallego con pulpo y una merluza con patatas a la gallega, todo ello regado con un excelente albariño.

La casualidad quiso que tomara el tren previsto de forma casi milagrosa. Salvando un retraso de un cuarto de hora motivado por un atasco en la M-30, el tren aún se encontraba en la vía 4 de cercanías, a la que accedía tras escucharlo por megafonía y con equivocación incluida. Pude subirme y evitar dos horas más de espera. Pero como todo lo que acaece tiene su significado, resultó que después de recuperar el aliento del acelerado sprint para embarcarme, tuve la fortuna de poder charlar con el vecino de viaje que no era otro que Jesús Martín, alcalde de Valdepeñas y persona de culta formación artística, sensibilidad y carisma, al que le pude consultar algunas de las dudas teóricas y prácticas que genera la gestión de cualquier legado artístico en nuestra zona. Y ciertamente me resultó valioso su testimonio como elocuentes sus palabras y reflexiones. Mereció la pena.



Justo López Carreño

Enero de 2018

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